No hay duda de que una abrumadora mayoría de los españoles se siente europea, para lo bueno y para lo malo. España, como otros países europeos, tiene una deuda con Europa tan abultada que sería prácticamente imposible devolver, entre otras cosas, porque no existen suficientes años para cumplir con ese objetivo, pero nadie nos la va a reclamar. La siguiente pregunta que cabe hacerse es, ¿nos interesan la noticias que se producen en nuestro continente o es necesario que haya muertos para que prestemos atención? Cuando un terrorista acuchilla a un gendarme de servicio en los Campos Elíseos lo sentimos como si fuera un Policía Nacional. ¿Somos conscientes que la actividad antiterrorista europea en los países del Sahel tiene un objetivo múltiple: disuadir, imposibilitar y dificultar el llevar a cabo atentados en Europa?
La situación de los Países Bajos, que puede evaluarse no solo por demoledores informes de Europol sino también, y esto es lo más preocupante, por la propia Policía holandesa, es crítica. Es absolutamente comprensible que lo que ocurre en España, en nuestras sucursales, en nuestras entidades, nos preocupe profundamente, pero en el mundo global que nos ha tocado vivir parece imprescindible conocer qué pasa en Europa, qué pasa en el mundo. Tarde o temprano todo termina afectándonos.
EFITEC ofrece traer a las páginas de su Boletín aquellas situaciones que ocurren en otros países que sean de especial gravedad y que pueden afectarnos en un mayor o menor plazo, como es el caso el caso que transcribimos a continuación.
Mark Rutte, 55 años, los últimos 12 como primer ministro del Gobierno neerlandés es un experimentado conocedor de la singularidad del escabroso mundo de la política, terreno en el que se está defendiendo con éxito, a pesar de la dureza de algunas negociaciones con otros representantes políticos que finalmente le han permitido mantener su continuidad en las tareas de gobierno.
Una de estas tareas, probablemente una de las más importantes por su alto coste social, está escalando el siniestro ranking del tráfico de estupefacientes hasta posiciones inimaginables en el país de los tulipanes y las conquistas sociales. Lo que se inició como una novedad, aperturista, juvenil, reclamo para turistas, allá por los años 70, con la despenalización y permisividad (que no legalización como se cree habitualmente) para consumir marihuana y cannabis en los coffee shops, se ha convertido no solo en una amenaza, sino en la realidad de unas calles que algunos medios equiparan a las actuaciones criminales, decapitaciones incluidas, que tienen lugar en las vías públicas de algunas de las localidades más importantes de México. Monterrey es uno de esos casos, la segunda ciudad del país, orgullo empresarial, donde la brutalidad ha llevado a amanecer con algunos sicarios colgados en travesaños de puentes en la disputa que mantienen los cinco cárteles que se disputan el estado de Nuevo León y otras zonas próximas a la frontera.
Volviendo al conflicto entre las organizaciones criminales y los Países Bajos, las autoridades despenalizaron la venta y consumo de las drogas “blandas”, pero no su producción, de manera que las fuentes de abastecimiento de los coffee shops hay que buscarlas en los circuitos delictivos. Por si fuera poco, el país no ha encontrado una solución al problema del consumo de las drogas de diseño, que dominan el mundo nocturno y las discotecas, y suelen estar acompañadas por el alcohol.
Si bien parece que se ha estabilizado su consumo, las anfetaminas por ejemplo suponen una proporción significativa de los tratamientos iniciados por consumidores problemáticos, entre un 6 y 10%, cuando la proporción europea es de alrededor del 3%.
La venta de cannabis en Holanda es técnicamente ilegal aunque tolerada y pueden condenarte, siendo mucho más probable que te condenen si te descubren suministrándoselo a terceros. Pero la legislación se complica más en lo que respecta a los vendedores de los coffee shops. Como se ha señalado anteriormente, se han fijado los siguientes criterios que deben cumplir a rajatabla los dueños de estos establecimientos:
• No vender más de cinco gramos de cannabis por día y persona.
• No vender cannabis a menores.
• No permitir la entrada a menores en el establecimiento.
• No vender alcohol.
• No tener un stock comercial de más de 500 gramos.
• No se permite el acceso ni la venta a personas que vivan fuera de los Países Bajos.
Siempre que los propietarios de los coffeeshops cumplan estas directrices, las autoridades locales tolerarán la venta de cannabis en sus establecimientos. Como parte de un plan piloto, en 2020 el gobierno holandés aceptó solicitudes de empresas que deseaban cultivar marihuana (*) con fines recreativos, que de esta manera puede controlar directamente.
CANNABIS: se presenta como marihuana o hachís. Es una sustancia psicotrópica depresora obtenida de la planta Cannabis Sativa.
THC: Tetrahidrocannabinol, también conocido como delta 9, una sustancia química psicotrópica, principal
constituyente psicoactivo del cannabis.
MARIHUANA: es la droga adictiva de mayor consumo. Es una mezcla gris verdosa de hojas y flores secas que
debidamente prensada produce una sustancia que se extrae de la planta Cannabis Sativa.
CBD: Cannabidiol, resina que producen las hojas y los brotes y que tras ser tratada permite obtener una sustancia
química de los componentes del Cannabis Sativa.
GHB: (“Éxtasis líquido”) Ácido Gamma hidroxibutírico. Un potente depresor.
CBD: Cannabidiol, sustancia química y uno de los componentes de la marihuana. No contiene THC.
El asesinato de un conocido periodista holandés en el centro de Amsterdam, precisamente cuando estaba llevando a cabo una investigación sobre el imparable aumento del poderío del conocido como rey de la coca, Ridouan Taghi, encarcelado en la prisión de alta seguridad de Vught, no ha constituido impedimento alguno para que la coordinación con sus secuaces haya funcionado a la perfección. La organización criminal, conocida como Mocro Maffia, ha desarrollado un nivel organizativo, solo a la altura de las mafias italianas, mexicanas y norteamericanas, increíblemente demencial para un país europeo a lo largo de los años 80 y 90.
Ejemplo de este “estatus” criminal fue la matanza llevada a cabo hace diez años a raíz del robo de una cantidad notoria de cocaína en el puerto belga de Amberes. Se ha calculado que unas 100 personas han sido víctimas de los ajustes entre los delincuentes pertenecientes a las entonces distintas organizaciones criminales que buscaban reforzar su continuidad e importancia delictiva en los Países Bajos. Enfrentamientos en los que saldría reforzado Mocro gracias a sus contactos con otras mafias importantes, con las que no tardarían en elevar el listón asesino al nivel de las tres más importantes. Los asesinatos eran de una violencia sin límite, prueba de ello era la cabeza de algún sicario que aparecía de tarde en tarde en las calles de las ciudades neerlandesas.
La situación fue deteriorándose conforme pasaba el tiempo. Advertidos por Europol hace seis años y por otro informe en 2018 de la Asociación holandesa de Policía (NBP), que habían elaborado sendos informes muy críticos con la situación y con la respuesta gubernamental. La prensa del país tomó buena nota de una de las frases que venía a confirmar los mayores temores del Gobierno, aunque este se negase a admitirlo dada la gravedad de la calificación, que venía a afirmar que “los Países Bajos estaban derivando hacia un narcoestado porque cumple muchas de sus características”. Tremenda acusación, que obliga a pensar qué está haciendo el Gobierno neerlandés para parar lo que califica de “exageración”. No parece que sea suficiente que las partidas presupuestarias aumenten hasta llegar a los 100 millones de euros en 2025.
Las penúltimas acciones que parecen dirigidas al epicentro de la sociedad holandesa son las amenazas de atentar contra la princesa heredera holandesa Amalia, e incluso contra el primer ministro Rutte, los cuales se lo han tomado muy en serio.
Conexión española
Gracias a sus relaciones en el norte de África (recordemos que su máximo capo es de origen marroquí) no solo han reforzado las rutas del hachís hacia el norte de Europa, sino que han desembarcado en España reforzando su tránsito hacia Países Bajos y Bélgica fundamentalmente, como lo demuestran las múltiples detenciones llevadas a cabo por la Guardia Civil con la colaboración de otras Policías. En una organización muy activa en el marco del crimen organizado como Mocro Maffia, no podían faltar los ajustes de cuentas, con el resultado de varias muertes cuyos autores han sido detenidos en el transcurso de exitosas operaciones policiales españolas.